En el otoño de 1909, Carl Jung viajaba en barco a través del Océano Atlántico junto a Sigmund Freud. Iban rumbo a la Universidad de Clark en Estados Unidos para dar una serie de conferencias. Durante este viaje, los dos pioneros se analizaban mutuamente los sueños, lo que terminó generando bastantes tensiones entre ellos. Fue en ese barco donde Jung tuvo el sueño de la casa.
La anécdota original, tal como Jung la describe, es la siguiente: se encontraba en una casa que no conocía, pero que sentía como propia. Estaba en el piso superior, un salón elegante amueblado al estilo rococó con muebles finos y cuadros antiguos valiosos; todo parecía habitable y refinado, aunque anticuado. Jung se sorprendió de que esa fuera su casa y pensó que no estaba mal. Sin embargo, le invadió la curiosidad por explorar el resto del edificio. Bajó al piso inferior y descubrió que todo era mucho más antiguo: databa aproximadamente del siglo XV o XVI, con muebles medievales, pisos de ladrillo rojo y una atmósfera oscura y sombría. Recorrió habitación tras habitación, cada vez más intrigado, hasta que encontró una pesada puerta que daba a una escalera de piedra que descendía al sótano. Allí se hallaba una habitación abovedada bellísima pero muy antigua, con muros que mostraban capas de ladrillo entre piedras ordinarias, claramente de época romana. Su interés creció aún más. Examinando el suelo de losas de piedra, encontró un anillo; al tirarlo, levantó una losa y apareció otra escalera estrecha que bajaba hacia las profundidades. Descendió y entró en una cueva baja excavada directamente en la roca. El suelo estaba cubierto de un polvo espeso, y en él se esparcían huesos y fragmentos de cerámica rota, restos evidentes de una cultura primitiva. Descubrió además dos cráneos humanos, muy antiguos y medio desintegrados. En ese momento despertó.
Jung interpretó este sueño como una imagen estructural de la psique: el salón superior representaba la conciencia actual y la “fachada” que se presenta al mundo; el piso medieval, el primer nivel del inconsciente personal; el sótano romano, estratos históricos y culturales más profundos; y la cueva primitiva, el inconsciente colectivo y lo arcaico, es decir, las capas instintivas y prehistóricas compartidas por toda la humanidad. Este sueño le permitió diferenciar su visión de la de Freud y fue uno de los primeros indicios claros del concepto de inconsciente colectivo, que Jung desarrollaría después extensamente.
La referencia exacta de esta anécdota original es el libro autobiográfico de Jung titulado Recuerdos, sueños, reflexiones (en alemán: Erinnerungen, Träume, Gedanken), registrado y editado por Aniela Jaffé y publicado por primera vez en 1962 (la edición en inglés apareció en 1963). En él, Jung la sitúa en el contexto de su ruptura intelectual con Freud y la describe como una revelación clave sobre las capas sucesivas de la conciencia humana. Esta es la fuente primaria de la metáfora de la casa como mapa de la psique.
Cuando conocí esta metáfora yo daba terapia de grupo, y ya me había dado cuenta de que los conflictos internos muchas veces se aclaraban por la misma persona cuando comentaba lo que pensaba o sentía, era como si al traer a la consciencia estos conflictos se encontrara la solución. Entonces pensé en la consciencia como una lámpara que al alumbrar estos conflictos hiciera clara la solución.
Adaptando esto a la metáfora de Carl Jung era como si al bajar a explorar en los niveles inferiores de la casa, donde las cosas estaban llenas de polvo y a veces rotas, con el simple hecho de alumbrarlas con esta lámpara, lo roto se reconstruyera, lo sucio se limpiara, lo desordenado se ordenara, es decir, que al hacer consciente lo inconsciente, resuelve muchos de los problemas o conflictos internos.
Esto ocurre también en otros ámbitos de la vida, por ejemplo, en el ámbito laboral, recuerdo que tuve un jefe cuando yo trabajaba en el área de capacitación, que se dio cuenta de que yo era bueno escuchando, en ocasiones entraba a la oficina, me pedía que lo escuchara pero que no opinara o comentara nada, el me exponía el problema que quería resolver, escribía o hacia diagramas en el pizarrón, y normalmente encontraba la solución o el plan a seguir, me daba las gracias por escucharlo, borraba todo y se retiraba.
El hecho de poder revisar lo que nos preocupa, ya sea hablando con alguien que nos escucha sin juicios y en ocasiones sin opiniones, o bien escribiendo sobre el tema, o también saliendo a caminar y logrando tener el problema en cuestión en nuestra mente, son técnicas muy útiles para resolver lo que nos está preocupando o afectando.
Al igual que en la metáfora de la casa de Carl Jung, donde llevar luz a los niveles inferiores permite ordenar y sanar lo que estaba roto, la terapia psicológica te ofrece ese espacio seguro para revisar lo que te preocupa al hablar con alguien que te escuche sin juicios. Al traer a la consciencia tus pensamientos y sentimientos, se vuelve mucho más claro el camino para resolver los conflictos internos. Decidir dar el primer paso para atender tu salud mental es la decisión más valiosa que puedes tomar por ti mismo. No es necesario esperar a que el problema crezca para buscar apoyo; a veces, decidir hablarlo a tiempo es el primer paso para sentirte más tranquilo, más fuerte y con mayor claridad para seguir adelante.
