¿Porque cuesta motivarse para trabajar?

Pensemos en un niño pequeño en edad escolar, digamos de 8 años de edad, está en cuarto año de primaria, uno de los retos a vencer es el de aprenderse las tablas de multiplicar, y resolver ejercicios que le dejan de tarea, ambos papás trabajan, así que después de la escuela está en casa de sus abuelos, ellos le piden que haga la tarea pero el niño no lo hace, juega en su celular, cuando llegan papá y mamá, cansados después de horas en el transporte público, reciben la queja, el niño no hace la tarea, se la pasa en el teléfono.

Papá se enoja, no es agradable recibir esas quejas, pero se contiene, recuerda la forma en que a él le llamaban la atención y no quiere repetirla, se prometió que el sería diferente, así que hace una advertencia al niño, debes hacer la tarea, o serás castigado, esta es tu primera llamada, en los días siguientes la historia se repite, llega un momento en que papá pierde el control, el castigo es desproporcionado, quizá quitarle el celular por semanas, no irá a jugar futbol el fin de semana, o no verá televisión, quizá haya malas palabras, amenazas, incluso puede llegar a una agresión física.

Ahora cuando el niño piensa en la tarea piensa en las amenazas, los castigos, quiere evitar eso, hace la tarea más para evitar esas malas experiencias que por un deseo de aprender o de al menos agradar a sus papás.

Ahora es un adulto, debe trabajar, pero los sueldos son muy bajos, los traslados para llegar al trabajo son largos, la experiencia de la infancia parece repetirse, hay algo que hacer, y una amenaza en caso de no hacerlo, no habrá dinero para pagar la renta, para comida, para ropa, para el internet, parece que nunca alcanza.

Entonces el niño interno está en la misma situación, debe hacer algo que no le resulta agradable, pero que le evitará consecuencias aún más desagradables, quizá quede atrapado en esa situación, la rueda del hámster, obligándose a sí mismo a cumplir con esas obligaciones.

Hay pequeñas escapadas, de fin de semana, o los viernes, al menos unas cervezas para hacer catarsis con quienes se encuentran en la misma situación.

¿Cómo cambiar eso?, cómo pasar de tener la obligación de hacer algo a estar motivado para hacerlo?, es decir a tener ganas de hacerlo?

Cuanto tengo que hacer algo mi padre interno regaña a mi niño interno, repitiendo el esquema de mi infancia, incluso con amenazas, aunque esta vez acordes a mi realidad de adulto, es ese niño interno precisamente el que puede poner el entusiasmo, las ganas de hacer algo.

El cambio de perspectiva es simple, se trata de hacer las cosas no por huir de las malas consecuencias, sino persiguiendo una sensación agradable, las actividades no cambian, cambia el significado y por lo tanto la experiencia, se trata de cultivar el orgullo de proveer a mi familia, de cumplir pequeñas metas, quizá logre comprar algo pequeño que mejora la vida en casa, o simplemente ver crecer una relación.

Regresemos de nuevo a la situación del niño pequeño que debe hacer sus tareas, no las hace, papá llega, pero esta vez pregunta al pequeño con entusiasmo como le fue en la escuela, se sienta con el a revisar lo que hizo durante el día, lo felicita por pequeños detalles, un ejercicio bien hecho, un problema resuelto, comienza a construir el conocimiento lentamente, repasa con el solo 3 multiplicaciones, una parte pequeña de una tabla de multiplicar, felicita al niño cuando por fin memoriza un par de respuestas.

Al día siguiente el niño quiere volver a tener esa atención de papá o de  mamá, o de ambos, repasa un poco la tabla, se aprende un par de respuestas más, se repite la escena del día anterior, papá muestra primero curiosidad, luego entusiasmo, le pregunta como hace para aprender, ahora el niño se siente motivado, no cumple con lo que tiene que hacer para huir de un castigo, sino atraído por la atención que recibe.

Cuando es adulto, su niño interno sigue con este esquema, la experiencia se internalizó y ahora en su diálogo interno su padre interno apoya a su niño interno, y este pone el interés y entusiasmo necesarios, cumplir con lo necesario no es una huida, sino una experiencia de logro.

Pero ¿que hacer si mi niñéz fue como la del primer escenario? No puedo cambiar el pasado, pero puedo cambiar la relación actual de mi padre interno con mi niño interno, puedo cambiar ese diálogo actual, reescribir ese programa, proteger a mi niño interno y con ese cambio, pequeño al principio, pero cada vez más fuerte, cambiar mi experiencia de vida.

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